En esencia, el Design Thinking puede describirse como un campo que trata de emplear un proceso de diseño integral para abordar diversos retos. De forma similar a cómo un diseñador aborda y resuelve proyectos, este enfoque puede aplicarse a diversas áreas. Por ejemplo,la gestión, la comunicación, el crecimiento empresarial, los servicios, etcétera.
Más concretamente, se centra en fusionar el pensamiento racional y lógico con la intuición, fomentando un marco que va más allá del razonamiento deductivo convencional. En lugar de concentrarse únicamente en encontrar soluciones válidas, promueve el pensamiento abductivo, que explora soluciones no descubiertas o no propuestas previamente.
Para entender este concepto, es crucial reconocer que el diseño consiste en proyectar, no sólo en hacer que las cosas parezcan estéticamente agradables o meramente funcionales. Como dijo elocuentemente Steve Jobs: «El diseño no es sólo lo que parece y lo que se siente. El diseño es cómo funciona».
El Design Thinking es ante todo un método creativo de resolución de problemas. Hace hincapié en un enfoque centrado en el ser humano, situando a las personas en el centro del proceso de innovación. En este contexto, la tecnología y los mercados son secundarios, actuando meramente como mercancías.
Adoptando una perspectiva antropocéntrica y utilizando técnicas etnográficas, el Design Thinking pretende identificar y enfatizar las necesidades insatisfechas (denominadas insights) o los puntos de conflicto emergentes. En consecuencia, el reto parte de los propios sujetos, por lo que resulta vital comprender su contexto y realidad, así como empatizar con ellos. Una vez logrado esto, podemos desarrollar ideas y soluciones sólidas y coherentes.
En última instancia, la prioridad es una comprensión profunda de los sujetos (cualitativa/sustantiva) para crear un arquetipo o personaje, en lugar de una mera acumulación de datos (cuantitativa). Al incorporar equipos multidisciplinares a este enfoque, hacemos posible una poderosa herramienta de cocreación en la que la aportación de nuestras partes interesadas es crucial. En resumen, esto supone un cambio significativo de perspectiva, pasando de diseñar PARA las personas a diseñar CON las personas. La atención se centra en la creación de valor, por lo que tener una idea sin entender su impacto potencial en la mejora de la vida de las personas equivale a una idea que no es especialmente útil ni viable.
Además, cualquier idea propuesta debe tener la capacidad de atraer, cautivar y seducir al usuario, permitiéndole relacionarse e imaginarse a sí mismo dentro del escenario proyectado. Y es que la innovación ya no consiste únicamente en utilizar tecnología punta, ofrecer el producto más asequible o introducir un modelo de negocio rompedor. En este enfoque contemporáneo, es crucial que todo comience con una narración convincente (de hecho, siempre ha sido así: «En el principio era la palabra…»). Una estructura fundamental que consta de una introducción (¿Conoce a su cliente? ¿Le entiende de verdad?); un núcleo (¿Puede describir su vida cotidiana?), y una resolución (¿Ha identificado algún aspecto en el que podríamos ayudarle o, en otras palabras, mejorar su historia?).
Por consiguiente, en este nuevo paradigma, confiamos en que el Design Thinking, al igual que otras tendencias de gestión, acabe encontrando el lugar que le corresponde dentro de una tendencia posterior, basada en valores inherentes, herramientas o mentalidades cultivadas.
Es esencial no perder la CONFIANZA, ya que los principios básicos y la importancia del Design Thinking han calado en las organizaciones: en un mundo tan intrincado como el actual, debemos abordar las tareas de forma diferente y adoptar perspectivas alternativas.
Al parecer, el origen del Design Thinking se remonta a 1919. Ese año, el arquitecto alemán Walter Gropius creó la escuela Bauhaus. Es bien conocida por las enseñanzas de arquitectura. Pero también se dedicaba a las de artesanía, diseño o arte.
En la Bauhaus se iniciaron muchos de los procesos que hoy se utilizan en el Design Thinking, como el trabajo en equipo, la eliminación de las jerarquías en el proceso de innovación o el enfoque del proyecto a las necesidades del usuario.
El desarrollo teórico corresponde a la Universidad de Stanford (California). Fue en los años 70. Dos décadas después la consultoría de diseño norteamericana IDEO estableció las bases del actual Design Thinking.