Si la virtud es la actividad o fuerza de las cosas para producir o causar sus efectos, el desempeño del facilitador en el pensamiento de diseño y en los procesos de resolución de problemas es virtuoso, tanto por sus competencias como por el impacto de las mismas en el proceso que dirige.
El Design Thinking procura un enfoque centrado en el ser humano que implica una serie de pasos de colaboración para resolver problemas complejos o guiar proyectos de innovación.
El proceso implica empatía, ideación, creación de prototipos y pruebas. Para favorecer el desarrollo de estos procedimientos, un facilitador es un componente esencial.
Un facilitador es una persona que guía la aplicación de procedimientos basados en Design Thinking, asegurándose de que todo el mundo está en la misma página y el proceso se desarrolla sin problemas.
Un facilitador actúa como parte neutral, procurando que se escuchen las voces de todos y se valoren las ideas aportadas en el proceso.
Para hablar del papel del facilitador tenemos que partir de la siguiente premisa: El Design Thinking es más que una metodología.
Se trata de una actitud, es la forma en que los diseñadores abordan los problemas. Va más allá de un mero conocimiento de procesos y herramientas.
Es necesario adaptarse a contextos cambiantes y complejos. Y en esta tarea, resulta vital la intuición, que nos permite ir más allá, encontrar el camino de las soluciones, evitando las que sean banales o discurran por terrenos trillados.
Por tanto, el rol de un facilitador en los procesos de pensamiento de diseño consiste en crear un entorno que fomente la creatividad y la innovación.
El facilitador ayuda a marcar el tono, establece las reglas básicas y anima la participación del grupo. Ayuda a identificar el problema, enmarca el reto y guía al equipo a través de las distintas etapas del proceso de pensamiento de diseño.
También se asegura de que la tarea siga su curso y de que el equipo trabaje para lograr el resultado deseado, que el grupo se mantenga centrado en el objetivo final y de que el proceso avance de manera oportuna y eficaz.
Es en definitiva, el que guía el conocimiento del grupo, concentra la intuición de los participantes y prepara todos los medios disponibles para crear conversaciones poderosas por medio de dinámicas.
El facilitador es el catalizador que permite convertir el conocimiento de los participantes en intuiciones colectivas que aceleren los procesos. Además, tiene el cometido de retar a la razón cuando se intenta justificar en exceso.
Por otra parte, el facilitador sabe identificar el momento en el que surgen conflictos y resolverlos de forma respetuosa y justa para todos los miembros del equipo.
Esto es importante porque garantiza que el grupo siga siendo productivo y se centre en la tarea que tiene entre manos.
Ojo: el facilitador no ofrece respuestas. No es un consultor que aporte soluciones o defina estrategias.
Nunca se insistirá lo suficiente en la importancia de un facilitador en el proceso de pensamiento de diseño.
Su función ayuda a crear un entorno de confianza y colaboración, permitiendo que los miembros del equipo se sientan cómodos compartiendo sus ideas y perspectivas.
Esta persona garantiza que el proceso sea inclusivo y que todos tengan voz. El facilitador también ayuda a mantener al equipo centrado en el problema y garantiza que las soluciones desarrolladas sean relevantes e impactantes.
En conclusión, un facilitador es un componente esencial del proceso de pensamiento de diseño.
Se encarga de guiar al equipo a través de las distintas fases del trabajo, creando un entorno que fomenta la creatividad y la colaboración.
Su papel es fundamental para garantizar que se escuchen las voces de todos, que se valoren las ideas y que el procedimiento que se desarrolla siga su curso y culmine con éxito.
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