Muchas veces confundimos los conceptos Prototipo con Producto Mínimo Viable (MVP) ya que aunque comparten el objetivo de crear productos efectivos, sus metodologías y aplicaciones son diferentes.
Es por eso, que es importante conocer las distinciones entre uno y otro y sobre todo, en qué momento usarlas.
Se trata de crear representaciones visuales y funcionales de la idea antes de entrar en la fase completa de desarrollo. Esta etapa permite a los equipos perfeccionar la apariencia y la experiencia del usuario sin invertir recursos masivos.
Es por ello que debemos utilizarlo cuando estamos en una fase inicial trabajando con ideas y conceptos, o generando una oportunidad de negocio. Es decir, cuando nos encontramos en el área del Design Thinking.
Las ventajas del prototipado son las siguientes:
El Producto Mínimo Viable (MVP) es el arte de crear un producto con las características mínimas necesarias para satisfacer las necesidades del cliente. Este enfoque busca lanzar rápidamente una versión funcional del producto para aprender y evolucionar basándose en la retroalimentación del mercado.
Es por ello, que es cuando estemos en una fase posterior de validación de negocio, donde hacemos test de nuestras soluciones, aprendemos de estos y rediseñamos nuestro negocio según lo aprendido es el objetivo.
Esta es la zona de actuación de Lean Startup y sus MPV (Minimum Viable Product) o Producto Mínimo Viable.
Las ventajas del MVP son las siguientes:
Son dos metodologías bastante parecidas y aunque en ocasiones nos lleven a confusión, haciéndote las preguntas correctas podrás distinguir cuándo utilizar el prototipo y cuándo el MVP. Todo depende de qué queremos validar.
En otras palabras, el Design Thinking habla de problemas, necesidades, conceptos e ideas, y el prototipo se encarga de validar las soluciones aportadas.
Aquí de lo que hablamos es de negocio (canales, recursos, etc.) y de cómo validar el modelo de negocio creado y su escalabilidad.
Ahora que ya podemos situarnos y saber qué técnica usar, vamos a ver herramientas de prototipado y tipos de MVP que nos pueden ser muy útiles.
En Design Thinking tenemos distintos modelos de prototipos que podemos utilizar dependiendo de lo que queremos validar de nuestro problema-solución:
En Lean StartUp, nos encontramos por un lado con el Business Model Canvas que nos ayuda a buscar distintas combinaciones para nuestro negocio de los elementos básicos (cliente, propuesta de valor, recursos clave, ingresos, etc.) y a encontrar la configuración que mejor encaja para nuestro cliente.
Por otro lado, nos encontramos con el MVP. Podemos ver distintos tipos de MVP que nos permiten validar y probar distintos aspectos de nuestro negocio con nuestro cliente:
Es una página web sencilla que muestra tu producto y sus características y, además, la opción a suscribirte a este, con los precios disponibles. La realidad es que el servicio aún no existe, ni el cliente puede suscribirse, pero de igual manera servirá para medir el interés de los usuarios en contratar el producto.
Al igual que una landing page, una prueba de humo mide el interés de los consumidores por un producto o servicio, pero esta vez a través de otras técnicas de marketing como, por ejemplo, un video.
Es una herramienta similar al conserje, solo que en este caso, el cliente piensa que está interactuando con el producto real, cuando en realidad, son humanos los que están haciendo el trabajo manual. Luego, ese trabajo sería reemplazado por la automatización de un sistema.
Es un método de compartir tu solución o concepto para medir el tamaño de la audiencia interesada y a su vez, empezar a recibir ingresos para seguir desarrollando el producto.
La elección entre el prototipado y el MVP no es necesariamente excluyente; de hecho, muchos equipos encuentran valor en combinar ambas estrategias.
Comenzar con un prototipo para refinar la visión y luego avanzar hacia un MVP para obtener validación práctica puede ser un enfoque poderoso.
En última instancia, la clave está en comprender las necesidades específicas del proyecto y ajustar la estrategia en consecuencia.
Al abrazar la flexibilidad y la adaptabilidad, los equipos pueden maximizar sus posibilidades de éxito en el competitivo mundo del desarrollo de productos.
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